Bailar sentados

Cuando tenía 18 años conoció a una chica guapa, atractiva físicamente, inteligente, con estudios y cultura, una mujer que no desmerecería de casi ningún hombre. Francisco, por supuesto, ya iba en silla de ruedas y se enamoraron. Hace alrededor de 15 años de aquello y hoy aun siguen juntos.
Por mucho que podamos pensar en el verdadero significado del amor, creo que pocos de los que estamos leyendo esto seríamos capaces de vivir de esa forma, de aceptar un problema tan grave como el de este hombre para toda la vida. Además, no me atreví a preguntar sobre el sexo, pero tengo entendido que a las personas parapléjicas no les funciona el órgano sexual. Pero creo que pocas decisiones habrá más difíciles que la que tomó esta mujer.
En cualquier caso, cuando por la noche llegué a la cama, antes de dormir me estuve acordando de Francisco, y sobre todo de su pareja, porque son esas cosas que a veces ocurren que te hacen convencerte que todavía se puede encontrar gente que valora a la persona como tal, en lo más profundo de su ser. No sé exactamente qué le enamoró de él, no sé si ha sido su inteligencia, su simpatía, su modélico afán de superación... Pero estas cosas son las que le hacen a uno (en momentos malos) reconciliarse con el mundo.
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